MARIAN ALZOLA EXPOSICION: La Mujer no Existe
MARIAN ALZOLA EXPOSICION: La Mujer no Existe 

 

Nos

encontramos ante una artista afanada en entresacar las cualidades de la materia

pictórica, en un baile de multitudes donde tanto el cuerpo del lienzo como de

lo representado se ponen en marcha. Una marcha dislocada por el color, que

en sus piezas se hace elemento casi táctil para traer una vivacidad de hondo

matiz matissiano, allá donde los pasos de baile dejan tras de sí extraños frutos.

No cabe duda de que Strange fruits trae un abanico de luchas cuerpo a cuerpo,

cuya tensión se distribuye en forma de trama, desde los impactantes cuadros

de gran formato hasta los sencillos dibujos que abren una mirada tan delicada

como henchida de fortaleza. Pero sobre todo trae un abanico abierto totalmente

al placer visual, donde las sensaciones pegan fuerte al espectador hasta

embriagarlo a través de la línea y la mancha. El material cromático de Marian

Alzola toma en este punto la expresión misma de un pensamiento que en los

últimos años ha adquirido una asombrosa coherencia y musicalidad. Prueba

de ello es esta muestra, donde la carnalidad se hace ella misma reflexión sobre el

deseo, la desolación y un coraje que se nos hace de todo punto irrenunciable. Daniel Lessmes Arantxa Romero.

 

 

 

 

La imagen de las cosas se amontona en los últimos

dibujos de Marian Alzola, apretándose allí la efigie del

mundo visible hasta el punto de querer contarse todo

al mismo tiempo. Pero, ¿cuántas cosas pueden verse

a la vez, cuántos dibujos caben unos dentro de otros

sin que su figura se descomponga radicalmente, deformándose,

convirtiéndose en una abstracción?

Los límites del ojo son puestos a prueba en esta suerte

de palimpsestos siguiendo la estela de las superposiciones

de Picabia de los años treinta, o su reinterpretación

posmodernista en manos de David Salle y Sigmar

Polke durante los ochenta: se trata de explorar por

transparencia la máxima cercanía entre los puntos diversos

del mundo, forzados en la superficie del papel o

del lienzo a una proximidad inesperada, casi intolerable,

que los aboca a la confusión de su identidad específica.

El fondo neutro común a todo este proceso y que Marian

mantiene en todos los trabajos de la serie, nos

ofrece sin embargo todavía un plano de referencia y estabilidad

que frena de algún modo el encadenamiento

vertiginoso de las partes, donde al cabo cada una de

ellas empieza a cumplir las funciones de la contigua o

de la que se le cruza y atraviesa, al modo de los célebres

“cuerpos sin órganos” deleuzianos. Las piezas

del cuerpo del atleta, por ejemplo, detenidas en una

secuencia de poses estáticas al modo de las cronofotografías

de Muybridge o Marey, son intercambiables

entre sí, mientras que cuanto las rodea se funde con

otros objetos, seres y escenas para revelarnos posiciones,

posturas, acoplamientos inéditos.

Nos encontramos, pues, ante el mundo de la rocalla:

la amalgama completa de los órdenes: lo mineral en

continuidad indisoluble con lo vegetal y con lo animal,

formando cierta unidad específica que a pesar de su

aspecto natural sólo el artificio ha podido destilar. Hablamos,

pues, antes de la voluptuosidad del Rococó,

capaz de expresar la concupiscencia de cada detalle,

inanimado o no, antes que el desbordamiento barroco

de las disciplinas o las figuras. El mundo se nos presenta

así como un plegamiento infinito (de nuevo con

Deleuze), sí, pero sometido a una sensualidad y un nerviosismo

que nada tiene que ver con las fuerzas del

Barroco. Lo dice con toda claridad y bastante gracia la

propia artista desde el título elegido para cobijar estos

trabajos: I’m so excited... nerviosa, excitada, pero también

encantada e ilusionada.

Del universo barroco no es fácil decir algo semejante,

más bien se nos muestra exaltado, exuberante, ubérrimo

o desbocado, pero el nerviosismo y la excitación es

más propio del carácter craquelado, fino y tan refinado

del Rococó. De ello participan estos dibujos sobre

papel de lija de Marian Alzola, donde, según cómo se

miren, una pose gimnástica puede llegar a apuntar disimuladamente

lo procaz, la ropa tendida expresar lo

más sutil y exquisito, velando el desnudo y la vergüenza,

o el vuelo de las aves organizar las fuerzas invisibles

que, como el deseo, las pasiones, la voluntad de respirar,

crecer, procrear, animan la vida. Que así sea.

Óscar Alonso Molina

-Naz de Abaixo, Lugo, agosto de 2013-

Imágenes de la pasión